Saint George
Catholic Church

259 West 200 N, St George, Utah 84770

15 minutos Catecismo en la familia por padres, padrinos y abuelos

8 de julio, 2018

Liturgia de la Eucaristía, Parte I

Se ha completa la primera parte importante de la Misa, la Liturgia de la Palabra, con las Plegarias de los Fieles. Después de los Ritos Iniciales, nos nutrimos de la riqueza espiritual de las Escrituras, seleccionadas cuidadosamente por la Iglesia para cada Misa, primero del Leccionario, y a continuación, desde el Libro de los Evangelios. El significado de las lecturas y la aplicación de su mensaje en nuestras vidas son ampliados para nosotros durante la homilía.

Iniciamos ahora la segunda parte importante de la Misa ‐ la Liturgia de la Eucaristía. Aquí experimentamos dos tradiciones antiguas ‐ la tradición hebrea del sacrificio ofrecido a Dios, y la comida, o la partición del pan, que Jesús dejó como un memorial. Nos parece que estos dos elementos se entrelazan en las bellas acciones y las plegarias de la Eucaristía. Hoy nos centraremos en los preparativos para la celebración de la Eucaristía y la presentación de las ofrendas que se ofrece en esa celebración.

Hasta este punto, todas las acciones en la Misa han tenido lugar lejos del altar, ya sea en la silla del sacerdote o en el pulpito. Todo se centra ahora en el altar, donde se lleva a cabo el sacrificio eucarístico. El altar es cuidadosamente preparado por el sacerdote o el diácono. Podemos recordar, que al inicio de la Misa, se hizo la veneración al altar con un beso. El cuidado con que el altar está siendo preparado, transmite la reverencia apropiada, indicando la importancia de las acciones que ocurrirán. Vemos linos especiales: el corporal, en el que la Sagrada Hostia y el Cáliz se colocan durante la celebración de la Misa, y un purificador utilizado por el sacerdote para purificar sus dedos, el Cáliz y la Patena después de la Santa Comunión. También vemos el Misal, el libro de oraciones que el sacerdote utiliza durante la Misa, y una alcuza con agua, todos cuidadosamente dispuestos en preparación para la presentación de las ofrendas. En paralelo, es ahora que traemos a un claro enfoque nuestra preparación personal – para así vincularnos al sacrificio de Cristo, que está a punto de desarrollarse, y para la Comida Eucarística.

Una acción clave es la procesión, cuando los feligreses traen las ofrendas de pan y vino al altar, dirigidos por un acólito que va portando un crucifijo procesional. Estas personas representan a todos en la asamblea, y su acción en la procesión nos llama a todos a prepararnos para la Sagrada Celebración. Esto es en gran medida una acción comunitaria. Su aspecto comunitario se refleja también en la música de acompañamiento. Mientras la procesión avanza hacia el altar, todos nuestros corazones avanzan hacia el Señor. Expresamos nuestra voluntad de entregarnos a Dios, y unimos nuestros donativos monetarios conjuntamente con el pan y el vino reconociendo así, que todo lo que tenemos es obsequio de Dios. En este momento, desde nuestros corazones, nos ofrecemos nosotros mismos a Dios.

Una vez que los obsequios se han colocado en el altar, el sacerdote comienza la oración bendiciendo y alabando a Dios, reconociendo que hemos recibido, gracias a Su bondad los dones que le estamos ofreciendo. Mientras se levanta el Pan y luego el Cáliz, el sacerdote reza una oración de acuerdo a una fórmula inspirada en una plegaria judía ofrecida por el padre de la familia en la mesa, alabando a Dios como el Creador del Mundo. Nos recuerda que los dones del pan y el vino se convertirán para nosotros en el Pan de la Vida y en la bebida del Espíritu. Todos responden diciendo, ʺ¡Que el Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de Su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.ʺ No somos observadores pasivos o meros espectadores en esta celebración. Más bien, cada uno de nosotros es una parte integral de la acción. Se nos invita a la participación plena, consciente y activa en la celebración ‐ en este punto y a lo largo de la Misa.